Las tablas de multiplicar: 7 trucos para memorizarlas sin llorar
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Por qué cuestan tanto las tablas, 7 trucos concretos para memorizarlas y una rutina de 10 minutos al día, de 2.º a 3.º de Primaria.
Hay pocos temas escolares capaces de convertir una tarde tranquila en una negociación tensa tan deprisa como las tablas de multiplicar. Acumulan tres problemas: se aprenden de memoria, se olvidan rápido en cuanto se dejan de practicar, y el niño siente que le están examinando en cada pregunta.
Este artículo explica primero por qué se resisten, y después da siete trucos que reducen de verdad el esfuerzo, una rutina de diez minutos al día y una forma de seguir los progresos sin convertirlo en un control.
Por qué cuestan tanto las tablas
Porque multiplicar no es sumar. En 1.º de Primaria calcular se ve: se suma, se cuenta con los dedos, se puede reconstruir el resultado cuando se olvida. La multiplicación, en cambio, acaba recuperándose directamente de la memoria, como una palabra de vocabulario. Y tu hijo acaba de pasar dos años aprendiendo que el cálculo se reconstruye. Ahora se le pide lo contrario.
Porque los resultados se parecen todos. 42, 48, 49, 54, 56, 63, 64, 72: números próximos, sin puntos de referencia, que interfieren entre sí en la memoria. Un niño que responde 48 a 7 x 8 no está trabajando mal, sufre una interferencia normal entre dos recuerdos vecinos.
Porque la tabla del 1 tranquiliza y la del 7 castiga. Las primeras tablas son tan fáciles que no preparan para el esfuerzo de las siguientes. El niño suele concluir que «se le han dado mal las matemáticas» justo en el momento en que la dificultad cambia de naturaleza.
Porque casi siempre se repasan demasiado tarde. Las tablas se trabajan la víspera del examen, en una sesión larga. Esa es exactamente la forma de olvidarlas más rápido.
Hay una buena noticia, sin embargo: el problema es mucho más pequeño de lo que parece.
7 trucos para memorizar las tablas
1. Dividir la montaña entre cinco
Las tablas del 1 al 10 parecen contener 100 resultados. En realidad:
- 3 x 8 y 8 x 3 son el mismo dato. Solo quedan 55, y enseñárselo a tu hijo con fichas colocadas en rectángulo, girado en un sentido y luego en el otro, vale más que cualquier explicación.
- Las tablas del 1 y del 10 no se aprenden, se explican en una frase.
- La tabla del 2 es el doble, conocido ya desde 1.º.
- La tabla del 5 termina en 0 o en 5, y sigue la lectura del reloj.
Quedan 21 resultados. Escríbelos en una hoja, con tu hijo, y cuélgala. Ver la lista entera caber en media página cambia el ánimo de todo el mundo.
2. Apoyarse en lo que ya se sabe
Ninguno de esos 21 resultados necesita hallarse desde cero.
- x 4 es dos veces el doble. 7 x 4 es 14, y luego 28.
- x 8 es tres veces el doble. 7 x 8 es 14, 28, 56.
- x 3 es el doble más una vez. 7 x 3 es 14 más 7.
- x 6 es la tabla del 5 más una vez. 7 x 6 es 35 más 7.
Estos caminos son más lentos que el recuerdo directo, y está muy bien: son redes de seguridad. Un niño con red deja de bloquearse, y un niño que deja de bloquearse acepta seguir.
3. El truco de los dedos para la tabla del 9
Es espectacular, y funciona de verdad.
Manos abiertas, diez dedos. Para 9 x 4, baja el cuarto dedo empezando por la izquierda. A su izquierda quedan 3 dedos, a su derecha 6: 36. Para 9 x 7, baja el séptimo: 6 a la izquierda, 3 a la derecha, 63.
Funciona de 9 x 1 hasta 9 x 10. Se apoya en que las cifras de un múltiplo de 9 suman siempre 9, lo que además sirve de comprobación: 72 es 7 más 2, o sea 9. Así desaparecen de la lista seis de los 21 resultados.
4. Una frase de apoyo para los rebeldes
Después de todo esto queda un puñado pequeño de productos sin regla y sin vecino: básicamente 6 x 7, 6 x 8 y 7 x 8. Esos merecen trato de favor.
En español funciona bien la rima: «siete por ocho, cincuenta y seis» se canta casi sola, y «seis por siete, cuarenta y dos» también.
Para los demás, no busques la fórmula perfecta en internet: fabrícala con tu hijo, aunque sea absurda. Una frase inventada por uno mismo se retiene mucho mejor que una recibida, y el rato dedicado a buscarla ya es rato dedicado al resultado.
5. Recordar, no releer
Es el truco que más cambia las cosas, y el menos practicado.
Releer una tabla diez veces da una sensación de dominio que se evapora en cuanto se cierra la hoja. Obligarse a recuperar el resultado de memoria, aunque sea despacio, aunque sea mal, es lo que lo instala de forma duradera.
En la práctica: tapa la columna de resultados. Pregunta en voz alta. Usa tarjetas de dos caras. Y deja tres segundos antes de dar la respuesta, porque el trabajo ocurre precisamente en esos tres segundos.
6. Cinco minutos al día, con repasos espaciados
Una tabla aprendida el lunes y nunca revisada está olvidada el viernes. La misma tabla revisada el lunes, el martes, el jueves y la semana siguiente aguanta meses.
Espacia los repasos en lugar de amontonarlos: el mismo día, al día siguiente, dos días después, una semana después. Y mantén en la mezcla, en dosis pequeñas, las tablas ya «sabidas». Son las primeras que se van cuando se deja de tropezar con ellas.
7. Quitarle importancia
Un niño que teme equivocarse responde más despacio, y un niño que responde despacio concluye que no lo sabe. La espiral se instala enseguida.
Tres formas de romperla:
- Competir contra el reloj, nunca contra un hermano. «Ayer, 12 aciertos en un minuto» es una información que motiva; «tu hermana hace 20» no lo es.
- Pasar por el cuerpo y la voz. Cantar la tabla, marcarla con palmas, recitarla subiendo la escalera. Son los mismos datos por otro canal.
- Jugar. Dos dados y un punto por producto correcto, una baraja donde se multiplican las dos cartas levantadas, una partida en la aplicación en el coche. El juego compra una cantidad de repeticiones que ninguna ficha conseguiría.
Una rutina de 10 minutos al día
Un formato sencillo, cinco días de cada siete:
- 2 minutos de repaso rápido de las tablas ya adquiridas, en desorden y en voz alta. El objetivo es mantener, no aprender.
- 5 minutos con la tabla en curso. Tres o cuatro resultados nuevos como mucho. No la tabla entera.
- 3 minutos de juego mezclado, con todas las tablas juntas, en forma de dados, de cartas o de partida en pantalla.
Dos reglas alrededor de este formato. La primera: parar antes del cansancio, aunque esté yendo bien, porque lo que importa es volver a empezar mañana. La segunda: no terminar nunca en un fallo. Una última pregunta fácil, y se cierra.
Seguir los progresos con KidiLearn
KidiLearn es una aplicación de iOS gratuita de descarga que convierte este tipo de repaso en partidas cortas. Las actividades de cálculo siguen la progresión habitual: la multiplicación apoyada primero en la suma repetida, luego tabla por tabla, y después todas las tablas mezcladas una vez instaladas las primeras.
Tres decisiones de diseño se derivan directamente de lo anterior:
- Series cortas, ajustadas a la atención real de un niño de ocho años y no al máximo tiempo de pantalla.
- Preguntas en desorden, también de las tablas antiguas, para que el niño recuerde un dato en lugar de recitar una secuencia.
- Sin publicidad y sin cuenta que crear, nada que desvíe la atención de la tarea.
La aplicación no sustituye ni al maestro ni a los diez minutos contigo. Sirve para que la repetición, imprescindible para memorizar, ocurra sin conflicto y deje un rastro legible de los progresos.
Para el método en el lado de la lectura, consulta el artículo sobre cómo ayudar a tu hijo a aprender a leer en 1.º de Primaria. Para saber más sobre quién desarrolla la aplicación y cómo se diseñan los juegos, visita la página sobre nosotros.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad se aprenden las tablas de multiplicar?
La multiplicación se introduce en 2.º de Primaria, hacia los 7 años, normalmente con las tablas del 2, del 5 y del 10. El currículo espera que las tablas hasta el 10 estén memorizadas al terminar 3.º, hacia los 9 años. Un niño que las lleva flojas al empezar 3.º está en una situación de lo más corriente, no retrasado.
¿Cuántos resultados hay que memorizar de verdad?
Veintiuno. Las tablas del 1 al 10 contienen 100 resultados, pero 3 x 8 y 8 x 3 son el mismo dato que recordar, lo que deja 55. Si se quitan las tablas del 1, del 2, del 5 y del 10, que se obtienen con una regla y no memorizando, solo quedan 21 resultados que haya que fijar realmente.
¿Cuál es la tabla más difícil?
Las del 6, el 7 y el 8, y sobre todo los productos donde se cruzan: 6 x 7, 6 x 8, 7 x 8. Son difíciles porque no tienen ni regla sencilla ni rima, y porque aparecen mucho menos que 2 x 3 en la vida diaria. Son los que merecen una frase de apoyo propia.
¿Cuánto tiempo hay que dedicarles al día?
Cinco o diez minutos bastan, siempre que sea casi todos los días. Una sesión larga el domingo produce una memoria que aguanta hasta el martes. Repasos cortos, repetidos y espaciados en el tiempo producen una memoria que dura meses.
¿Hay que recitar la tabla en orden?
Al principio sí, para instalar la secuencia, pero conviene salir de ahí pronto. Un niño que solo sabe responder a 7 x 6 recitando desde 7 x 1 ha memorizado una canción, no los datos. Pregunta en desorden y mezcla unas tablas con otras.
¿Se pueden aprender de otra forma que haciendo cuentas?
Sí, y ayuda. Cantar la tabla, marcarla con palmas, jugar con dados o contar objetos por grupos hace pasar los mismos datos por canales distintos a la ficha de ejercicios. Estos rodeos no sustituyen al recuerdo de memoria, pero lo mantienen vivo sin conflicto.